Un conflicto entre la agencia Wylie y la editorial Pre-Textos perjudica a la difusión de los libros de Louise Glück.

No es habitual ganar el premio Nobel y quedarse sin editor. De hecho, suele suceder justamente lo contrario. Pero es lo que le ha sucedido a la poeta y ensayista estadounidense Louise Glück (Nueva York, 1943), premio Nobel de Literatura 2020, a causa de una pelea entre su agencia literaria, Andrew Wylie, y la que ha sido su editorial en España durante los últimos catorce años, la valenciana Pre-Textos.

Glück ganó el Nobel el pasado 8 de octubre. Al día siguiente, viernes 9, un empleado de la sede londinense de la agencia Wylie, representante de la poeta, llamó a Chus Visor, de la editorial Visor, para preguntarle si estaba interesado en la autora. Visor no dijo ni que sí ni que no, pero se puso en contacto el sábado 10 con el editor Manuel Borrás, de Pre-Textos, para interesarse por la situación contractual de Glück, que tiene siete títulos publicados en esta editorial valenciana. De este modo, Borrás se enteró de que estaban ofreciendo a Glück a otras editoriales, lo que despertó su indignación y una campaña espontánea de protesta que se ha extendido por redes sociales y varios países del orbe hispano. Editoriales, lectores, universidades escritores y hasta el president de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, han hecho llegar su apoyo a Pre-Textos y hasta se ha redactado un manifiesto para que la autora sea fiel a esta pequeña editorial.

La agencia Wylie ha sondeado también a los dos grandes grupos editoriales españoles, Planeta y Penguin Random House, y ambos han declinado optar a convertirse en los editores de la nueva Nobel. Lo razonan arguyendo motivos éticos y de “respeto al trabajo previo de un editor”. Al tratarse de una poeta –que no genera ingresos millonarios, como algunos novelistas–, la inversión se justifica sobre todo por el prestigio que da incorporarla al catálogo, algo que en este caso parece comprometido por la mala imagen que podría dar aparecer como ‘ladrón’ de autores a un pequeño.

Borrás critica que no le ofrezcan previamente la posibilidad de igualar cualquier oferta de otro editor “y perder así en buena liza, diciendo por ejemplo que no puedo pagar 25.000 dólares”. En Wylie aseguran que el editor tiene sus contratos caducados y que, por tanto, ya editó el último libro, ‘Una vida de pueblo’, de forma ilícita. Borrás admite la caducidad pero la atribuye a un retraso en la traducción en aras de alcanzar mayor calidad. “Qué curioso que los problemas sean después del Nobel –afirma–. ‘Una vida de pueblo’ salió en marzo pero no se pudo distribuir hasta junio por la pandemia, y con la agencia estábamos negociando en mayo la contratación de otro libro suyo, y no nos dijeron nada entonces”.

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