El año más distópico ha acelerado la inmersión en el mundo digital y en el extremo encontramos conciertos en videojuegos, robots que triunfan en Instagram y artistas que fantasean con su personalidad cíborg.

Lil Miquela tiene casi tres millones de seguidores en Instagram. Sube selfis desenfadados en ropa interior, apoya la causa del #BlackLivesMatter y marca las nuevas tendencias estéticas. Toda una influencer… y es un robot. Ella es el símbolo de una nueva realidad acelerada por la pandemia donde la esfera digital suplanta a la presencial. ¿Es sólo una tendencia o el futuro ya está aquí?

«Todo lo que ha pasado estos últimos meses nos ha obligado a percibir la tecnología no como una opción ni un plan B sino como una necesidad urgente», argumentan Manuela Pedrón y Jaime González, los comisarios de las Jornadas Cráter, que se acaban de celebrar en la Sala de Arte Joven de la Comunidad de Madrid, en torno a temáticas como la realidad virtual.

Las cuarentenas han disparado desde marzo el uso de plataformas tecnológicas en todo el planeta y, a falta de interacciones físicas, muchos han encontrado ahí el (único) vehículo por el que mostrarse al mundo. No es casualidad que en los últimos meses se hayan celebrado en España varios festivales dirigidos a un público que prefiere viajar con la mente a través de universos visuales que bailar en un escenario real.

Una de las citas más reveladoras ha sido Sónar+D en septiembre, el congreso sobre creatividad y nuevos futuros del festival de referencia en la música electrónica con sede en Barcelona. Ha sido el punto de encuentro donde en los últimos años han coincidido artistas que fantasean con su personalidad cíborg, desde Holly Herndon a FKA Twigs.

«Cuando empezó la pandemia, en Silicon Valley soñaron con un universo únicamente virtual, donde todos hacemos clic constantemente en el smartphone y alguien anónimo deja en la puerta de casa paquetes con productos que hemos comprado online. Esa pesadilla totalitaria no es el futuro que nosotros imaginamos», dice el comisario de Sónar+D, José Luis de Vicente.

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